¿Qué es Menester que yo Haga para ser Salvo? Print E-mail

¿Qué es Menester que yo Haga para ser Salvo?

Había un hombre de los Fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los Judíos. Este vino a Jesús de noche, y díjole: Rabbí, sabemos que has venido de Dios por Maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con él.

Respondió Jesús, y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.

Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necasario nacer otra vez. El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde vaya: asi es todo aquél que es nacido del Espíritu.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; para que todo aquel que en EL creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por El.

El que en El cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condepación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida sino que la ira de Dios está sobre él. (Evangelio según San Juan, Cap. 3, versículos 1–8, 14–19 y 36.)

¿Qué es Menester que yo Haga para ser Salvo?

EXPLICACION BIBLICA DEL PLAN DE SALVACION PARA EL PECADOR

¿Qué debo hacer para ser salvo? He aquí, en forma más corta y más sencilla, la pregunta cuya contestación todo hombre tendrá que aprender si desea evitar una eternidad de perdición, sin Dios, en los tormentos de la condenación del Infierno. Gracias a Dios que esta pregunta se ha hecho y se ha contestado ya en la misma Palabra de Dios, y, con tanta sencillez, que toda alma puede comprenderla. Hay otros pasajes en las Santas Escrituras en donde se habla del bienestar del alma, y donde se explica el plan de salvación; pero sólo hay un lugar donde se hace esta pregunta, palabra por palabra, y donde se contesta categóricamente.

Los apóstoles, Pablo y Silas, estaban en la cárcel en la ciudad de Filipos, y a media noche cantaban y oraban a Dios, hasta que El, con un gran terremoto, sacudió y derrumbó todas las puertas y quebró los cepos en que estaban ellos sujetos de los pies, soltándolos. El pobre carcelero, asustadísimo y compungido por sus pecados, se acercó a los dos predicadores y les hizo esta pregunta:

“El, entonces, pidiendo luz, entró dentro, y temblando, derribóse a los pies de Pablo y de Silas; y sacándoles fuera, les dice: Señores, ¿qué es menester que yo haga para ser salvo? Y ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú, y tu casa”.—Hechos 16:29–31.

“¿Qué es menester que yo haga para ser salvo?” “Cree en Jesucristo y serás salvo”. He aquí el plan divino de la salvación, el único plan que Dios ha hecho para todo hombre, mujer y niño que ha nacido en este mundo.

¿QUE ES MENESTER QUE YO HAGA?

Amigo pecador, hay algo que es menester que tú hagas si deseas la salvación de tu alma. Había esperanza para el carcelero porque se comprendió pecador perdido y temblando preguntó, “¿Qué es menester que yo haga?” Querido lector, tú eres un pecador. La Palabra de Dios desde el principio hasta el fin hace hincapié en esta verdad. En la profecía de Isaías leemos:

“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargo en El el pecado de todos nosotro”.—Isaías 53:6.

Todos nosotros nos descarriamos. El Señor no desea que los pecadores nos quedemos creyéndonos buenos. ¡Qué clara, qué positiva, es la declaración divina en el capítulo tres de la carta del apóstol Pablo a los Romanos, de que todo hombre, toda mujer, y todo niño, somos pecadores!

“¿Qué pues? ¿Somos mejores que ellos? En ninguna manera: porque ya hemos acusado a Judios y a Gentiles, que todos estan debajo de pecado. Como está escrito: no hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda; no hay quien busque a Dios; todos se apartaron, a una fueron hechos inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno”.—Rom. 3:9–12.

En los versículos 22 y 23 se vuelve a declarar enfáticamente que “no hay diferencia: por cuanto todos pecaron, y están destituídos de la gloria de Dios”. Esta es la razón por qué dijo Jesucristo al sabio Nicodemo en el capítulo 3 del Evangelio según San Juan: “No te maravilles de que te dije, os es necesario nacer otra vez”. Y en el versículo 18 del mismo capítulo dijo que el hombre que cree en Jesucristo ya no es condenado.

No cabe duda de que estos textos demuestran claramente a todo hombre que cree en la Palabra de Dios, que es pecador y que mientras no deposite su fe en Cristo y sea salvo por El, es un pecador perdido, que necesita ser salvo. El corazón es malo, y sólo Dios podrá cambiarlo. Así que, si deseas ser salvo, deberás primero reconocerte pecador, diciendo en tu corazón, “Soy pecador; estoy perdido, y necesito ser salvo”. Nadie jamás se ha salvado que no haya buscado la salvación como pecador. Jesucristo murió para salvar a los pecadores, y no a los hombres buenos. Si, pues, has resuelto esto en tu corazón, y te reconoces pecador perdido, puedes aprender la contestación de Dios a tu pregunta, “¿Qué es menester que yo haga para ser salvo?”

CREE EN EL SEÑOR JESUCRISTO

He aquí el sencillo plan de Dios para tu salvación. Tú eres pecador; tu corazón es malo; no te podrás salvar a tí mismo; eres ya condenado. Lo que has de hacer, pues, para ser salvo, es sencillamente confiar el asunto al Señor Jesús. Y cuando confíes en El, tienes la promesa de Dios de que serás salvo.

No quiero decir con esto que has de creer sólo en que hay un Dios. Dijo el apóstol Santiago (capítulo 2, versículo 19) que los mismos demonios creen eso y tiemblan. Puedes bien, creer que cierto médico es buen doctor, y sin embargo, no llamarlo a atender tu enfermedad. Puedes creer que cierto hombre es buen abogado, sin hacerle tu propio abogado para que te defienda. No has de creer solamente los hechos acerca de Jesucristo; sino que has de creer en El, es decir, depender de El, depositar tu caso en sus manos, tener fe en El; y cuando hagas así, serás salvo.

NADIE SE PUEDE SALVAR POR LAS BUENAS OBRAS

Claro es que tú no mereces la salvación. No hay nada que puedas hacer que te haga digno de ella. No podrás conseguir la salvación guardando los diez mandamientos; pues la Santa Escritura con toda claridad demuestra que no los has guardado. En la carta de Pablo a los Romanos, capitulo 3 versículo 20, nos dice:

“Porque por las obras de la ley ninguna carne se justificará delante de El; porque por la ley es el conocimiento del pecado”. La misma cosa se repite en Gálatas 3:11:

“Mas por cuanto por la ley ninguno se justifica para con Dios, queda manifiesto: Que el justo por la fe vivirá”.

Repetidas veces dice la Biblia que no hay salvación por ninguna justicia humana:

“No por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia nos salvó, por el lavacro de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo”.—Tito 3:5.

“Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: no por obras, para que nadie se gloríe”.—Efesios 2:8, 9.

De una vez por todas, pues, reconozcamos que ningún humano merece la salvación, y que nadie se puede salvar a si mismo. La salvación tiene que ser gratuita si la ha de alcanzar el pecador. Mas, se requiere la Sangre para expiar el pecado, pues la Biblia nos dice:

“Sin derramamiento de sangre no se hace remission”.—Hebreos 9:22.

“Porque Cristo, cuando aún áeramos flacos, a su tiempo murió por los impíos”.—Rom. 5:6.

“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en El el pecado de todos nosotros”.—Isa. 53:6.

Nos dice el apóstol Pedro que somos comprados con la sangre de Cristo:

“Sabiendo que habéis sido rescatados de vuestra vana conversación, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata; sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero sin mancha y sin contaminación”.—1a. Pedro 1:18, 19.

Cada animal que en el Antiguo Testamento se ofrecía en el altar en sacrificio, corderos, becerros, machos, cabríos, tórtolas, pichones, todos representaban por este tipo que el hombre pecador culpable, necesita que alguien, un ser inocente, dé su sangre por él, para pagar su pecado. Jesucristo murió por nuestros pecados en la cruz, y gracias a Dios, compró la salvación para cada hombre en todo el mundo, si la quiere recibir como don gratuito de Dios.

“Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.—Rom. 6:23.

Querido lector, tú que eres pecador, acuérdate que el ser miembro de una iglesia no te salvará. El bautismo no te salvará. El bautismo nunca salva a nadie, ni lo guarda salvo; es un acto de obediencia al deber que tienen los que ya encontraron en Cristo a su Salvador. Una vida moral, el ser miembro de una logia, ser buen ciudadano, todo esto no te dará la salvación, pues ésta viene “no por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia” (Tito 3:5). No confíes, pues, en lo que tú haces, sino en lo que Jesucristo hizo y promete hacer por tí.

Y ¿QUE DEL ARREPENTIMIENTO?

Pero ¿no dice la Biblia que hemos de arrepentirnos? Sí, con toda claridad. Dice que “Dios…denuncia a todos los hombres, en todos los lugares, que se arrepientan”, (Hechos 17:30) y otra vez en Lucas 13:3 y 5, “si no os arrepentiéreis todos pereceréis igualmente”. Esta fué la predicación de Juan el sumergidor (Bautista), de Jesús mismo, de Pedro el apóstol, y de Pablo que los hombres se arrepientan; y ciertamente el arrepentimiento es el plan de salvación de Dios. La dificultad estriba en que los hombres no saben qué cosa es el arrepentimiento, y subsiste la idea de que el arrepentimiento es un período de llanto y de tristeza por el pecado o por los pecados. Esta idea viene de la traducción católica de la Biblia, que dice “haced penitencia”, en lugar de “arrepentios”. De manera que se ha establecido la idea de que el llorar el pecado, o sentir tristeza por él, es arrepentimiento, y miles de personas creen que Dios oye sus oraciones y los salva cuando sienten tristeza por el pecado.

No me entendáis mal. Dios tiene grandes deseos de que tengáis un corazón quebrantado y entristecido por el pecado. Te has alejado de Dios; has pisoteado la sangre de Cristo tu Señor, has malgastado los años de tu vida, los que nunca podrás volver a vivir otra vez, has servido a tu padre el Diablo. Muchísimo tienes que merece tus más amargas lágrimas, y no me sorprende que sientas en tu corazón vergüenza y tristeza por haber así tratado mal al Dios que te hizo y al Salvador que murió por tí. No me sorprenden tus lágrimas; pero es necesario comprender que las lágrimas no salvan, que el dolor de corazón no salva, que la tristeza no salva. Nuestro Señor Jesucristo no nos mandó llorar ni tener tristeza. Somos salvos instantáneamente, al volvernos de nuestros pecados hacia Cristo: esto es arrepentimiento.

No, el arrepentimiento no es tristeza. La palabra que se traduce “arrepentimiento” significa literalmente un cambio de mente. Arrepentirse, quiere decir dejar el pacado y entregarse a la confianza en Cristo. Es, por lo tanto, fácil entender que todo el que deposite su fe en Cristo, se arrepiente, y el que se arrepiente también ejerce fe en Cristo. Así que, este carcelero se arrepintió, cuando tuvo fe en Cristo y fué salvo.

SALVACIÓN INSTANTÁNEA

Este carcelero no pasó por un período de lamento; se le dijo que creyera en el Señor Jesucristo; hizo esto, y fué salvo, y su familia fué salva de la misma manera, en la misma noche, inmediatamente, en la misma hora. En todo el Nuevo Testamento, si buscamos la historia de los que se salvaron, encontraremos que siempre su salvación fué inmediata, instantánea. Zaqueo, trepando en el sicómoro, creyó y descendió aprisa y lo recibió con gozo. (Lucas 19:6–9). Y Jesucristo dijo, “Hoy ha venido la salvación a esta casa”. Cuando el apóstol Pedro dijo a Cornelio y a su familia que podrían salvarse creyendo en Cristo, immediatamente, “estando aún hablando Pedro estas palabras”, dice la Escritura, el Espíritu Santo descendió sobre ellos y fueron gozosamente salvados. (Hechos 10:43–48). Aquel ladrón que fué crucificado juntamente con Jesús, pecador malvado como era, que unos mementos antes había estado burlándose de Jesucristo, fué salvado inmediatamente cuando pidió de Cristo la salvación. (Lucas 23:42, 43). En el primer capítulo del Evangelio según Juan, se nos cuenta cómo Andrés, Simón, Pedro, Felipe y Natanael, todos fueron salvados, convertidos instantáneamente por su fe en Cristo. No se menciona ni una persona en los tiempos bíblicos, a quien se le haya mandado llorar, ni acongojarse de sus pecados, antes de creer en Cristo y ser salva. El que tiene fe verdadera en Cristo se ha arrepentido; el arrepentimiento y la fe son una misma cosa, expresada en diferentes palabras; y ninguna de las dos requiere un tiempo largo, ni un período de tiempo.

¿PUEDE UNO SER SALVO SIN LA ORACIÓN?

En la Biblia se nos mencionan muchos casos de pecadores quienes oraron como el ladrón en la cruz o como el publicano en el Templo. Mas, en Romanos 10:13 se nos dice:

“Porque todo aquél que invocare el nombre del Senñor será salvo”.

Muchas personas creen que un pecador no puede ser salvo sin un periodo de oración, sin clamar a Dios. La Biblia no dice que el pecador tiene que orar para ser salvo, pues inmediatamente después del versículo que hemos citado (Romanos 10:13), sigue una explicación que demuestra que el invocar a Dios es una evidencia de la fe que está en el corazón, y que es realmente la fe la que resuelve la cosa. Leedlo otra vez:

“Porque todo aquel que invocare el nombre del Senõr será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel an el cual no han creido? ¿y como creerán Aquel de quien no han oído? ¿y cómo oirán sin haber quien les predique?”—Rom. 10:13, 14.

Puede ser que el pecador ore a Dios conscientemente, o puede ser que no. El Señor anima al pecador a orar, y oye su oración, y la contesta, si el pecador confía en Jesucristo para su salvación mientras ora. Oyó la oración del ladrón en la cruz, del publicano en el Templo, del ciego Bartimeo. Pero la Biblia dice, “¿Cómo, pues, invocarán a Aquel en el cual no han creído?” Todo aquel que ha de ser salvo tiene que creer. La oración es una de las evidencias de la fe; pero aunque ore muchísimo, si no tiene fe en Cristo, nunca podrá salvarse. Y por otra parte, si sin orar conscientemente, tiene fe en Cristo, ya es salvo. Hay un solo camino para la salvación, y un solo paso que tiene que dar el pecador para alcanzarla. Este paso es poner su fe Cristo Jesús, el Senõr.

Parece que algunas personas creen que Dios es muy duro de corazón, que se goza en nuestra destrucción, que difícilmente nos oye y que no quiere salvarnos. Algunos piensan que El no tiene interés en si nos perdemos o nos salvamos, y que tenemos que hacer algo para interesarle en salvarnos. ¡Qué mentira! Pues Dios “de tal manera amó alo mundo que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en El cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Ya se pagaron los pecados de todos nosotros; la ira de Dios ya se aplacó para cualquier pecador que desee ser salvo; tanto el Padre como el Hijo tienen mil veces más interés en tu salvación y en la de cualquier pecador, que el que tú o cualquier pecador tiene de ser salvo. Gracias a Dios que no tengo que rogarle que me perdone mi pecado; El lo hará en mismísimo memento en que you esté dispuesto a confiar en El.

COMO CONSEGUIR UN CAMBIO DE CORAZÓN

Muy sencilla parece ser la salvación por la fe; y en verdad lo es. Dirá algún pecador; “Pero yo creía que es necesario que el pecador tenga un cambio de corazón, que necesita nacer otra vez”. Ciertamente que sí. Pero esto le toca a Dios hacer en tí. Jesucristo, hablando con Nicodemo, le dijo “os es necesario nacer otra vez”, en este mismo capítulo le dice al mismo Nicodemo cómo conseguir este nuevo nacimiento:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree no se pierda mas tenga vida eterna”.—Juan 3:16.

El cambio de corazón es la parte que a Dios toca, y podremos estar bien seguros de que El cumplirá su parte al cumplir nosotros la nuestra. Tu parte es depositar tu fe; todo lo demás que te faltare para tu salvación, el Señor lo hace immediatamente que creas en El.

¿COMO DEBO YO SENTIR?

Hay personas que creen que este cambio de corazón depende de lo que uno siente. Algunos no quieren reconocer a Cristo como su Salvador hasta que sientan algo misterioso que corresonda a lo que ellos esperan. Amigo no permitas que el Diablo te engañe en este punto. Yo creo en la religión de corazón, y que uno siente esta religión, y doy gracias a mi Dios por el gozo y la paz que cada día me da. Pero la Palabra de Dios no dice en ninguna parte cómo debe uno sentir antes de ser salvo; ni tampoco dice lo que sentirá después de ser salvo. El hecho es que no todos sienten lo mismo. Los sentimientos varían según las circunstancias y el temperamento de la persona que se salva. Algunos lloran cuando son salvos; otros, sonríen; y otras en alta voz alaban a Dios. No es más cristiano el uno que el otro. Lo que tú necesitas, amado pecador, es la salvación, y debes estar dispuesto a sentir como a Dios le plazca, con tal de que te perdone tus pecados y te salve.

Y ten por cierto que no podrás sentir bien hasta que estés bien. El regocijo no viene antes de confiar en el Señor. Nadie espera el resultado de la medicina antes de tomarla. Los hijos de Israel en el desierto, mordidos por las serpientes y a punto de morir, no sanaban y no se sentian aliviados hasta haber dirigido sus miradas hacia la serpiente de metal sobre el madero. (Números 21:6–9) De igual manera nosotros no nos salvamos del pecado por sentir algo, sino por el remedio que Dios puso, que es la fe en Cristo.

Aquel hijo pródigo, mencionado en Lucas 15:11–24, lejos de su hogar paterno, recostado en el chiquero, resolvió levantarse e irse a su padre; pero no sintió bien. Estaba sin zapatos y vestido de harapos, sin el anillo, señal de hijo, sin evidencia alguna del perdón de su padre, muriendo de hambre. Sin embargo, se levantó y se acercó a su padre, no por sentimiento sino por fe en la bondad de su padre. Gracias a Dios que su padre lo recibió, como recibe Dios a todo pecador que quiere llegar a El, y cuando aquel muchacho se sentó a la mesa de su padre, calzado con los zapatos, emblema del evangelio de paz, vestido con la ropa que es emblema de la justicia de Cristo, con el anillo de hijo en su mano, comiendo el becerro gordo, sentado a la diestra de su padre, feliz en su amor, entonces sí, que sentía abundantemente. El sentir viene después de la salvación. Deja el sentir en las manos de Dios, y hoy mismo entrégate al Salvador por la fe.

Después de ser salvo, encontrarás la paz y el gozo en seguir a tu Señor en la immersión (bautismo), en la lectura de su Palabra, en ganar a otros para El, y en agradarle de muchas maneras. Día tras día será necesario ir a Cristo para el gozo de la vida cristiana. Pero gracias a Dios que la salvación, una vez por todas, se alcanza cuando sencillamente resuelvas depender de Cristo como tu único Salvador.

LA CONFESION PUBLICA DE CRISTO

Toda persona que ha sido salvada por Cristo debe confesar a Cristo públicamente. Mateo 10:32 y Romanos 10:9 claramente nos enseñan que Dios reconocerá como hijo a quien reconozca a Cristo como Salvador. No obstante, esto no es otro paso en la salvación. Sólo confesamos con nuestra boca a Aquél a quien ya hemos confiado nuestra corazón. Romanos 10:10 dice, hablando de este mismo asunto:

“Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para salud”.

El reconocer a Cristo como Salvador ante el mundo, simplemente es dar una prueba de que de corazón confías en El. Lo mismo pasa en las demás promesas biblicas acerca de la salvación. “Al que a Mí viene no le echo fuera”, dice Juan 6:37, y en Juan 1:12 se promete la salvación a cuantos reciban a Jesús. Pero no podrás venir a Jesús sin creer en El, y Juan 1:12 demuestra que recibir a Cristo es creer en su nombre.

Amado lector, no hagas de este asunto una cosa difícil. Un solo paso sencillo hay entre tí y el Salvador. Cuando tú confíes tu todo a El, todo lo demás estará arreglado, te habrás arrepentido, habrás recibido a Cristo, habrás hecho todo lo necesario para tu salvación. Recibe la contestación categórica de Hechos 16:31: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo”. Por toda la Biblia, en docenas de textos, se promete la salvación a todo aquél que cree en Cristo. Lee cuidadosamente los siguientes pasajes y verás que muchísimas veces Dios ha prometido que cualquier pobre y miserable pecador recibirá todo lo que necesita al creer en Cristo Jesús.

“Mas a todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre”.—Juan 1:12.

“Y como Moisés lavantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; para que todo aquél que en El creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que tode aquel que en El cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.—Juan 3:14–16.

“El que en El cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.—Juan 3:18.

“El que cree en el Hijo, tiene vida eterna: mas el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”.—Juan 3:36.

“De cierto, de cierto os digo; el que oye mi Palabra, y cree all que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida”.—Juan 5:24.

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que todo aquel que ve al Hijo, y cree en El, tenga vida eterna: y Yo le resucitaré en el día postrero”.—Juan 6:40.

“De cierto, de cierto os digo: el que cree en Mí, tiene vida eterna”.— Juan 6:47.

“A Este dan testimonio todos los profetas, de que todos los que en El creyeren, recibirán perdón de pacados por su nombre”.—Hechos 10:43.

“Y de todo lo que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en Este es justificado, todo aquél que creyere”.—Hechos 13:39.

Lee otra vez también el texto con que empezamos: “?Qué es menester que yo haga para ser salvo?…Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo”.—Hechos 16:30, 31.

CONFIA EN EL GRAN MÉDICO

Si estuvieras enfermo y a punto de morir, y hubiere cerca un buen médico en el cual pudieras tener toda confianza ¿no le arriesgarías tu caso, permitiéndole que hiciera lo que quisiera para darte el tratamiento necesario, y con la ayuda de Dios aliviarte? De igual manera confía en Cristo, depende de El, para tu salvación, entregándole hoy todo el asunto. Con la misma fe con que llamarías a un médico para entregarle tu cuerpo para ser sano, llama al Señor Jesucristo, el gran Médico, y entrégale tu alma para que la salve y perdone tus pecados, y te dé la vida eternal. Cristo mismo dijo, “Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos” (Lucas 5:31). El es el gran Médico, y podrá sanar tu alma al instante, si confías en El. Así como confiarías en tu médico, sometiéndote a su tratamiento, dependiendo de él para obtener resultados favorables, así depende de Cristo con toda confianza para la salud de tu alma. Los médicos humanos a veces fracasan, sus resultados son lentos, y por lo tanto ningún médico es retrato fiel de Jesucristo. Los doctores no podrán hacer milagros, pero Jesús sí los puede hacer, cambiando inmediata instantánemente tu corazón malo y pecaminoso; El hará esto luego, en el instante en que tú te entregues a El por fe.

JESUS NUESTRO ABOGADO

Si tú hubieras cometido un crimen, y estuvieras ya en la cárcel, probablemente la primera cosa que harías sería mandar llamar a algún abogado de confianza y encargarle tu defensa. Ante Dios tú eres un criminal, ya condenado y bajo la ira del Juez justo. Pero Dios ha provisto quien te defienda, quien defienda a todo pecador vil que tenga que comparecer ante el tribunal justo de Dios; Jesucristo es ese Abogado, pues la Biblia dice claramente:

“Hijitos míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo; y El es la propiciación por nuestros pecados”.—1a. Juan 2:1, 2.

No sólo es Jesús tu Abogado para defenderte ante el Juez, sino que El mismo ya pagó la pena, y puedes confiadamente fiar en El para que El te consiga inmediato perdón y justificación. ¿Por qué no te confías a Jesucristo sencillamente como lo harías a un buen abogado? El es mejor que cualquier abogado, y no se detiene porque no tengas con qué pagarle sus servicios. Y nunca falla en una defensa.

UN ENLACE MATRIMONIAL

Un joven y una señorita están en el acto de su matrimonio. Ante el mundo, enlazadas sus manos, se le pregunta al joven, “¿Quiere usted recibir a esta mujer como su esposa legal, para amarla, protejerla y cuidarla hasta que la muerte les separe?”. El joven contesta que sí. Luego se le pregunta a la señorita, “?Quiere usted recibir a este hombre por su marido, para amarlo y obedecerlo hasta que la muerto los separe?”. Y al contestar ella también que sí, se oyen las palabras solemnes: “Pues en nombre de la ley os declaor marido y mujer.” Y delante de Dios los hombres, son casados. ¡Qué retrato de la salvación! Jesús es el novio, y nosotros que lo recibimos por la fe seremos la esposa. Ya Jesús te ha amado y hace mucho que busca que aceptes su amor. Jesús te invita a que creas en El ahora, y así formarás parte de su esposa. ¿No querrás hoy, con la misma fe con que esa señorita recibe a su esposo, recibir a Jesucristo como Salvador y Rey, diciéndole, “Si, acepto, soy tuyo?”

ACEPTALO HOY; ASEGURATE

El camino es bien claro, en este mismo momento podrás ser salvo, si prestos tu voluntad.

“No te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día.”—Proverbios 27:1.

“Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en día de tu salud te he socorrido; he acquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salud.”—2 Cor. 6:2.

“Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto.”—Heb. 3:7, 8.

Amigo, Dios te ha dado ese latir de corazón, ese aliento de vida, este momento, para que le entregues tu fe; pero no hay seguridad de otro. Te ruego que lo hagas ahora mismo, y que reconozcas a Cristo como tu Salvador y Rey.

Si reconoces que eres pecador, si crees que Cristo murió por tí, si de corazón lo aceptas como tu Salvador, esperando en El encontrar el perdón de tus pecados, te suplico que firmes la declaración que en seguida se imprime, y me la envíes, para que yo pueda gozarme juntamente contigo en tu salvación. Entonces, habiendo confesado a Cristo ante los hombres, tendrás la seguridad de que Jesucristo te confesará ante su Padre, Pues El dijo:

“Cualquiera, pues, que me confesare delante de los hombres, le confesaré Yo también delant de mi Padre que está en los cielos.”—Mateo 10:32.

Cuando deposites en Cristo tu fe, eres salvo. Pero el gozo y la confianza de la salvación los recibirás cuando lo reconozcas como Salvador públicamente, y El te reconozca y te envíe su Santo Espíritu para hacerte feliz. Si quieres recibirlo, hazlo hoy, firmando la declaración siguiente, procurando también que otros lo hagan, si fuere posible. Puede recortarse esta página y enviarse, o bien puede escribirse en una tarjeta postal o carta.

Date:_____________________________________
(Lugar y fecha)

Dr. Shelton Smith
P. O. Box 1099
Murfreesboro, Tennessee,
Estados Unidos de América.
Y (6)
L.O. Engelmann
San Jeronimito, Guerrero,
Mexico

QUERIDOS HERMANOS:
Reconociendo que soy pecador, y creyendo que Cristo murió por mis pecados, ahora acepto a Cristo, y confio en El como mi único y suficiente Salvador, confiado en que El me perdonará mis pecados, cambiará mi corazón, y me dará la vida etena, conforme a su promesa. Con gozo lo confieso como mi Salvador y Rey, y haré lo posible por servirle fielmente. Para gozo de Uds. Les envío esta declaración.

Firma:____________________________________
Dirección:_________________________________

NOTA: El que cree en Cristo para su salvación debe confesareo públicamente. El plan de Dios es que los que en El confían lo confiesen, luego se sumerjan (bauticen), y se unan con el pueblo de Dios para su servicio. Esperamos que se unirá usted con una Iglesia Biblica, y se hará conocer ante el público como un humilde hijo de Dios. Si no sabe usted en dónde dar con una Iglesia Biblica, escríbanos y con gusto le diremos dónde hay una Iglesia Biblica cerca de done Ud. está.

Todas las citas de la Biblia se transcriben textualmente en letra negra y son de la Antigua version de Cipriano de Valera antes de la revisión de 1960. Instamos a nuestros amables lectores a que cada uno busque cada texto en la misma Biblia para cerciorarse de que se han citado fielmente.

El Autor, John R. Rice
El Traductor,
L.O. Engelmann

SWORD of the LORD PUBLISHERS
P. O. Box 1099
Murfreesboro, Tennessee
Printed in U.S.A.

PALABRAS DE CRISTO
(Tomado de la Santa Biblia).